Siempre que me preguntan en que momento me enganché al baloncesto, y más específicamente al baloncesto femenino, la respuesta la forman dos nombres: Becky Hammon y Rivas Ecópolis. Siempre recordaré la primera vez que pisé el Cerro del Telégrafo, lo sábados de hora y media de ida y dos horas de vuelta entre tren y metro ataviada con la bufanda roja, el bombo de la peña Pasión Roja sonando a mi lado… y ese 2014 mágico en el que David ganó a Goliat.

Ese David, ese equipo pequeño contaba entre sus filas con nombres que ya son sinónimo de calidad en Liga Femenina como Vega Gimeno, Queralt Casas o Gaby Ocete. No sólo eso, dos de las integrantes de la mejor generación del baloncesto femenino español, Laura Nicholls y Laura Gil, también disputaron ese partido final con la camiseta roja. Y si echamos la vista atrás descubrimos que en 2012 Anna Cruz consiguió una copa de la Reina con este mismo club de una manera más que familiar para quién haya seguido su trayectoria. Es más, vámonos más atrás, y descubriremos en las filas ripenses dos nombres que ya son historia del baloncesto español, Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar.

El Rivas ecópolis como campeón de la Copa de la Reina en 2012. Imagen vía 20minutos.es

Sólo hace un día que la selección U20 femenina se proclamó campeona de Europa. El entrenador que ha dirigido a estas jóvenes durante todo el torneo responde al nombre de José Ignacio Hernández. El mismo que en 2014 dirigió al Rivas Ecópolis a la consecución de su única Liga ¿casualidad? Una U20 que lleva desde 2007 sin bajarse del podio. Hoy revisando la actualidad del baloncesto leo lo que mis peores presagios se negaban a creer: el Rivas Ecópolis no tendrá equipo en LF2 y por lo tanto desaparecerá de la competición nacional. Un club campeón de Liga, Copa y participante en Euroliga tiene que renunciar a su plaza deportiva por falta de liquidez y apoyos.

Si no cuidamos la base del baloncesto español, las competiciones nacionales y sus clubes, la formación que aportan a las futuras jugadoras, no podremos disfrutar de más María Conde, María Araújo o Ángela Salvadores. Por supuesto, sin la promoción y el apoyo de las dos categorías grandes del baloncesto femenino español y su apuesta por las jugadoras nacionales, tampoco veremos cómo estas jugadoras pueden evolucionar en las Xargay, Torrens o Cruz del futuro.

Todos los veranos asistimos a una situación completamente incoherente: las selecciones en diferentes categorías triunfan y los medios se vanaglorian de los podios conseguidos (no en exceso, para ser justos) pero cuando comienza la Liga Femenina toda esa publicidad disminuye de manera brusca y los clubes y jugadoras reciben una atención mínima. La noticia de que un club renuncie a su plaza por falta de todo lo anterior demuestra que algo no se está haciendo bien a nivel de promoción y de ayudas económicas. Existen auténticas luchadoras que comenzando desde lo más humilde consiguen alcanzar la gloria, como es el caso de Araski, pero una liga competitiva no puede estar formada sólo por equipos que tienen que conseguir cada uno de sus logros a base de sacrificio puro y duro.

Y es que, de esos clubes, vendrán estos oros. Los 6 conseguidos por la selección U20 desde 2007, los 3 conseguidos por la selección senior en su historia. Y esas platas, como la olímpica o la mundial o las tres pertenecientes a la selección U20 también desde 2007. Y los que quedan…

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